|
(Reportaje extraido de La Discusión 14-107-2008)
 Cultivar la practica musical durante la infancia y la adolescencia tiene un impacto positivo en el cerebro, ya que existen factores asociados, como las habilidades motrices, y aspectos que dicen relación con la autoestima.
Diversos estudios han demostrado que la música es una gran fuente de estimulación para los niños. Pero si bien que desde pequeños aprendan a escuchar diversos sonidos y sean estimulados a través de la música, también lo es que puedan aprender a tocar algún instrumento.
Egidio Contreras, profesor de música, magíster en educación y docente del magíster en educación inicial de cero a tres años Mención Método Montessori de la universidad Andrés Bello, explica que sin lugar a dudas aprenden un instrumento musical y cultivar la practica de ejecutarla frecuentemente durante la infancia y la adolescencia, supone un impacto constructivo en el cerebro del niño, toda vez que existen, además, factores asociados a habilidades motrices especificas, una estimulación auditiva frecuente y aspectos que dicen relación con el autoestima y expresión creativa del niño.
A Que Edad?
En este caso, una de las preguntas frecuentes es a que edad es bueno
que los niños aprendan a tocar un instrumento. El docente de la
Universidad Andrés Bello señala que esto dependerá básicamente del
tipo de instrumento (percusión, cuerda, viento o teclado) y de los
desafíos que plantean estos desde el punto de vista de la eficiencia
motriz. Por ejemplo una Flauta presenta dificultades técnicas distintas
a la de un Violín o de las de un Metalófono.
“En todo caso, la edad de seis años es una edad oportuna para iniciarse
en la práctica instrumental, aunque también si se comienza en la
pubertad se logra igualmente resultados valioso. Por otro lado, existen
muchos virtuosos que se iniciaron en la práctica de un instrumento
musical en la edad adulta”, afirma.
Vale la pena señalar-dice Contreras-que numerosos padres tienden a
elegir el instrumento para su hijo. Es más ventajoso que el pequeño
experimente de forma lúdica con varias opciones antes de escoger, y
sobre todo, estar atento a cuáles son sus inclinaciones naturales, ya
sea que, por ejemplo, prefiera un Violín o Batería..
Otras Fuentes de Estímulo.
El especialista explica que afortunadamente, el niño que no toca un
instrumento musical no queda excluido de los beneficios de la música.
Su musicalidad puede igualmente ser desarrollada a través de la danza o
el canto. Incluso por medio de un proceso de estimulación auditiva a
través de la escucha musical.
“Sin embargo, en el proceso de escuchar música subyace varios niveles,
que van desde una simple audición de música de fondo, en donde el menor
es un oidor pasivo como cuando escuchamos música de fondo de sobremesa
o cuando leemos, hasta niveles en que podemos escuchar la música de una
forma más auténtica y concentrada. Y esto lo podemos conseguir
invitando al niño a involucrarse activa y multisensorialmente en la
experiencia de escuchar; esto es, con el concurso simultáneo de varias
funciones sensoriales como la visual, la Kinestésica, el tarareo, y
por supuesto la auditiva”, explica Contreras.
|