 Marta Brunet (Retrodiario) En búsqueda de nuevos temas para la actualización de nuestra sección de reportajes nos encontramos con un relato que describe en forma brillante nuestro mercado, lugar único en que nuestros sentidos se nutren de colores, sabores y olores variados. Desde niño yo lo he recorrido y se de las señoras de Coyanco con sus delicias, de los diversos oficios que en el se desarrollan a diario, de las “picadas” del mote, tortillas, de las hierbas medicinales, hojalateros etc. De ahí que me duele escuchar voces que hablan de sacarlo de su ubicación histórica o peor aún, otros que buscan modificarlo con ordenadas estructuras metálicas y uniformes toldos de color blanco. Si estamos llegando a una época de grandes consensos sobre el rescate del patrimonio cultural de nuestra ciudad, aquí tenemos uno vivo, tangible y valorado por muchos, “El Mercado de Chillán. Los invito a conocer lo mismo que vio Marta Brunet en su época, a modo de consejo, vayan temprano (7am en adelante) los días martes o viernes (días de llegada de productos frescos) y así podrán disfrutar de una imagen única de nuestra ciudad. Solo me resta decir que puedo inferir por algunas fotos tomadas desde la cúpula de La Merced, antes de 1939, que por el costado sur del mercado (actual Arturo Prat) se encontraba el Gran Almacén de Don Darío Brunet, razón por la cual el relato de su hija, es tan vivencial y claro. S.G.R. Pincha en Leer más para disfrutar de esta visión de Marta Brunet...
Plaza de Mercado “Por las ocho calles que desembocan en la plaza, van llegando incesantemente las carretas portadoras de los productos que han de venderse en el mercado. Hay toda clase de vehículos: desde una carreta chancha hasta el camión automóvil; desde el carrito de mano con toldo colorín, hasta la carretela tirada por mulas; desde el antiguo coche de familia empingorotado sobre altas ruedas, hasta la carreta emparvadota, ancha, de pasto recién talado. Todos los productos de la región riquísima van entrando lentamente por las ocho bocacalles en procesión interminable. Y van tomando colocación en el cuadrado que se llena de manchas oscuras, bullentes de actividad. Cada producto tiene su sector fijo. Con la luz del día hay un paro en la llegada de los vehículos. Es ahora un enjambre de gente el que concurre a la plaza, llevando canastos, sacos, cajones, bolsas. Bajo los árboles hay pequeñas mesas entoldadas en cuyas cubiertas empiezan a colocarse las ventas de flores, de frutas, de cacharros, de quesos, de legumbres. Más allá están las picanterías, las fritangas, los pequenes, las tortillas de rescoldo, las empanadas, el chocolate, el café con leche y los picarones. Luego los ponchos rabiosos de color hechos en Maule y los otros de dibujo indígena, con no sé qué tristeza en su blanco y negro; las arcioneras y las cinchas, los capachos de cuero y los estribos de madera lindamente trabajados; en seguida campean las gredas de Quinchamalí, negras, con grecas pintadas: platos y cazuelas, fuentecillas y olletas. Formas prácticamente unidas a otras fantásticas, especie de formas antediluviana, cuerpos enormes sobre tres patas muy cortas, cuellos inconmensurables con la cabeza inverosímil de pequeña, toda una serie destinada a alcancías, a juguetes, a garrafas para agua y vino.  Mercado de Chillán (Retrodiario) Mas allá aún están la hojalatería, los muebles y los canastos; otro lado ocupan la ropa hecha, los colchones, las frazadas de fina trama, los choapinos en que se muestra la tradición del telar araucano. En una esquina quedan las carretas con sus productos de la montaña, carbón, leña, trigo, porotos, maíz, garbanzos, lentejas, papas, cebollas. Se oyen risas, gritos, órdenes. Ya han llegado los compradores y la venta constituye un pequeño juego de pedir y regatear. - Tres pesos la docena...
- Paños de Tomé a precio de fabrica…
- Rica l´aloja y barata…
- El especifico para hacer salir pelo, el especifico maravilloso, ¿Quién compra el especifico maravilloso para hacer salir pelo?
- Recién tomados de la mata los tomates…Los tomates fresquitos…
- Al queso de cabra… Al queso de cabra…
- Todos a cuarenta… todos a cuarenta… Caserito, cómpreme algo… Todo a cuarenta…
- La rica sustancia de Chillán… La rica sustancia que hace resucitar a los muertos…
- Aquí está Moya haciendo picarones…
- Ya está, periquito, ¡sáquele la suerte a la señorita!
 Mercado de Chillán (Retrodiario) La caja del organillo tiene encima una pequeña jaula y desde donde miran con sus ojillos de brilloso azabache las dos caturritas verdes, de cuellos cenicientos y curvo pico sonrosado. Una de ellas toma un andar lleno de comicidad y avanza hasta salir de la jaula y coger en el plano delantero una hojita enrollada que, con otras idénticas, está repartida en tres grupos iguales. A su vez el hombre lo entrega a la campesina, que espera encontrar allí la suerte que el destino le reserva.
-Flores para la señorita… A peso la docena de claveles… Las rosas valen dos pesos… Arden los claveles en apretados mazos y las hortensias rosadas, las azules y las blancas, parecen globos destinados al juego de un niño melancólico. Los lirios tardíos traídos de la montaña tienen un altivo erguirse de princesas medievales. Las rosas expanden un perfume espeso que llega a ser una obsesión para el olfato. Rojo, azul, blanco, violeta, rosa. Y entre estos colores, la marcha áurea de los dedales de oro. Y detrás de las flores, la otra gama violenta de colorido de las frutas, regalo para los sentidos que nos da nuestra tierra, tendida perezosamente a lo largo de todos los climas.
- Se lo llevo, patroncito… Se lo llevo… Le llevo los paquetes patrona…  Mercado de Chillán (Retrodiario) Las árguenas desbordan verduras y el carbón deja manchones negruzcos al vaciarse los sacos. Una era de maíz volcada en el suelo deslumbra los ojos como en la trilla clásica. El espejo de un armario lanza un reflejo de incendio. Por el aire vuela una bandada de palomas y otra bandada de horas vuela desde el campanario de la Merced, dando las siete. Luego hay un fanático repique que llama a misa. ¿Dónde estamos? ¿En el mercado de una vieja ciudad española? No; es un rincón chileno en la plaza de la Merced de esta ciudad mía de Chillán, prueba palpable de nuestro entronque en España. Continúa en ella la tradición, y los años no han hecho obra devastadora, no le han restado originalidad ni colorido”. Imágenes extraidas de Retrodiario (diario La Discusión: www.ladiscusion.cl ) |